|
en la casa familiar de la campiña inglesa de Frankwell, cerca de Shrewsbury, a pocas millas de Londres, como el quinto entre seis hermanos, hijos de un médico, en el seno de una familia con fuerte tradicion cristiana protestante. Fue una de las figuras destinadas al primer plano en la historia del pensamiento humano, en el que prácticamente no hay campo en el que no haya dejado alguna huella de envergadura.
Llegamos a la conmemoración en una época incierta de la humanidad, donde la confusión y los dogmatismos de todo tipo ascienden en su influencia sobre la cosmovisión humana en la medida en que se agravan los problemas ambientales, sociales y económicos. Yo viví personalmente la conmemoración del sesquicentenario en 1959. Entonces éramos mucho los ingenuos, mas optimistas y menos vulnerables ante las embestidas de la irracionalidad, al menos sucedía así en los medios científicos y académicos.
Ahora es distinto, casi cada voz que se levanta lo hace para el disenso y la confusión, se manejan mal los conceptos, ya no hay casi erudición biológica que respalde las postulaciones fácticas sostenedoreas del núcleo teórico abarcante de los axiomas principales de la teoría. La discusión se vuelca hacia lo social más que a lo biológico y naturalista. Esta es una distorsión que afecta a las aplicaciones paradigmáticas de la teoría. Se llega al extremo que algunos pintan un Darwin que no fue, y otros aprovechan estas ocasiones para reivindicar (¿de qué?) a un Alfred Russell Wallace que satisface mejor el sueño iluso de lo "políticamente correcto". Quiérase o no fue Darwin quien elaboro la teoría científica de la evolución y es a ella a la se debe el homenaje después de un siglo y medio de fecunda vigencia, no como dogma, sino como fuente de referencia para infinidad de esclarecimientos que integran la cosmovisión científica moderna.
Desde hoy hasta nuestras Jornadas Paraguayas de Biología Evolutiva vamos a circular, con la mayor asiduidad posible escritos, pensamientos, interpretaciones, ejemplos y problemas vigentes de evolución y evolucionismo. La aspiración es que nos respondan, que dialoguemos y que este intercambio teja una red de interacciones personales y mentales, como la que el Paraguay necesita para insertarse en el pensamiento moderno, universalizando una "tranversalidad" interdisciplinaria que aún es mínima entre nosotros.
De más está decir que no compartimos las ideas y concepciones de mucho de los que circulamos. Que cada uno juzque, afine su pensamiento y ubique contextualmente estos saberes. En su diversidad está el estímulo para pensar.
Un abrazo darwiniano para todos en un día que falta aún sentir como propio en el Paraguay.
Julio Rafael Contreras R.
IBIS, Universidad Nacional de Pilar
Pilar, Paraguay, 12 de febrero de 2009
|